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Milián Mestre en España Liberal




 

UN GOBIERNO QUE GOBIERNE

Manuel Milián Mestre

Autor de Nihil Obstat. El bosque político.

 

Aído dicen que es ministra de no se qué igualdad. Todo un signo de la condición ministerial y de la indefinición de contenidos gubernamentales. El pintoresquismo de este gobierno no admite parangón con ninguno de los precedentes. Lo más próximo a la realidad debería ser ese encefalograma plano que sentencia la muerte de un ser humano, o que permite el transplante de órganos a otro ser salvo las excepciones del caso (lo digo a cuenta de un poema satírico y mordaz de Camilo José Cela, para mí desconocido, que una mano amiga me acaba de remitir, cuyo título “La donación de mis órganos” excluye la parte trasera del cuerpo por razones de uso desviado. Puro Camilo José Cela). Valga la ironía y el humor en este caso, vista la gravedad notable de las circunstancias. Ésta es una nación sin gobierno -me refiero a España, naturalmente- que gobierne, con ministros sin nada apenas que usar en su cerebro; con desapego constante a la búsqueda de soluciones; con planes de salida tan ridículos como ese “Plan E” de beneficencia a los municipios, ya de por sí arruinados y hartos de agujeros y de impagos; con un silencio atronador de los sindicatos más domesticados jamás conocidos…¿Qué está sucediendo con un gobierno, que quién sabe si no aspira a equivocarse, superando, al tristemente célebre por su incompetencia, de Portela Valladares en los años precedentes a nuestra Guerra Civil?

 

Todo indica que el PSOE está fuera de registro a la vista de tales y tantas carencias para reformar un gobierno con hombres medianamente competentes, capaces de entender la crisis, que no profieran sandeces como las de Pedro Solbes o Sebastián, que reconozcan simplemente el desastre del que ellos son parte del paisaje, si no agentes directos del descalabro. Es decir, un gobierno que gobierne, sin miedo a aceptar la evidencia de los hechos de una crisis, definitivamente, del sistema, y no de la coyuntura como algunos todavía pretenden sostener. Ante acontecimientos de esta naturaleza no caben los escapismos, sino las grandes decisiones. No es de recibo dejar correr el tiempo, a ver si escampa en USA con un Obama impotente y predicador, o en Alemania con un PIB que se le escapa por el sumidero, o en una Francia donde el movimiento sindical está amenazando al simpático lenguaraz de Sarkozy, que no parece dar señales de remedio. Insisto desde una larga experiencia y algún conocimiento: las cosas son como son, tozudas, y nadie las remedia desde el deseo o el sueño de un ignorante. Habrá que poner las manos en la masa, y actuar no desde el “buenismo”, sino desde la inexorable urgencia de la necesidad. Este pais no aguanta economías ni presupuestos estatales de ficción. Este pais no soporta una carga estructural de 3 millones de funcionarios, ni el derroche de 17 mini-estados autonómicos, ni esos 5 millones de parados en el horizonte inmediato, ni las millonarias clases pasivas con sus jubilados pensionados, ni la inmigración desordenada, ni la idiotez de una política exterior sin “intereses”: que se enteren en La Moncloa que una política exterior sin intereses no da de comer, sólo arruina la cartera.

 

¿Sirve este gobierno para algo más que para enumerar “buenismos” de la Sra. Aído, aventar abortos como si fueren el único problema, introducir travestis en las Fuerzas Armadas, desarmar éticamente la educación de nuestros hijos, proveer más problemas y no enterarse de lo qué está pasando? El buen juicio, si lo hubiere en este pais, andaría apareando un compromiso de Estado para aunar esfuerzos e ideas, no sólo de la clase política -hundidos en el desprestigio de las encuestas-, sino de la sociedad civil, de los mejores profesionales, de la Universidad y los académicos. ¿Por qué se oculta el patriotismo? ¿Acaso es una exclusiva reservada al PNV, CiU o ERC? Si sólo existe el patriotismo como concepto local, debería de ponerse en marcha el mecanismo de la reacción, o de la acción, a fin de ver la respuesta -si cupiere- o la emancipación de las partes de ese Estado que dormita y que no nos sirve para gran remedio. La apatía de Zapatero y su gobierno invitan al “sálvese quien pueda”, aunque no sé si mucha lumbre resta en esta Catalunya del tripartito. Lo ideal debería ser un gobierno de gestión entre PSOE y oposición con la concurrencia de determinados elementos de referencia del campo académico o profesional. Un gobierno sin carnet, que, al margen de los doctrinarismos y de los partidos, acometiere las medidas preventivas de un descalabro económico, o de un arduo traumatismo post-crisis. Lo decisivo, hoy, no es ganar las próximas elecciones, sino llegar a esas elecciones en condiciones vitales suficientes, y no cadáveres. Gobernar hoy es usar de la cirugía, convocar pactos, cerrar compromisos, atajar la sangría del paro, aligerar fiscalmente a las empresas, primar el empleo, rescatar la nómina de funcionarios, reducir la burocracia, poner en orden los bancos, controlarlos y…nacionalizarlos, si fuere necesario. Todo ello requiere grandes pactos, al modo de los de La Moncloa en tiempos de UCD. Todo ello requiere gobernar, justo lo contrario de cuanto ahora sucede. Un gobierno de carnet es ahora mismo, probablemente, el peor de los gobiernos.
 


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