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NOTICIA


Artículo de Gabriel Albiac (La Razón)




La libertad derrotada Cambiar el tamaño del texto España, paladín de Castro ante la UE. Sexoturistas estivales en La Habana: españoles y solidarios. Patria muerte Gabriel Albiac Tiene razón el canciller cubano: «Cuba ha vencido a la Unión Europea». Léase, donde «Cuba», «Castro». Pero es verdad: de nuevo Europa lame las botas del Comandante. Cuya fuerza de choque fue esta vez el comando Moratinos-Zapatero. No se precisa gran cosa para derrotar a un muerto. En Cuba, «todo se vende, bienes y personas». Es la conclusión del libro que sobre la isla acaba de publicar Antonio José Chinchetru. No hay riesgo de que lo lea Moratinos; no hay riesgo de que lea nada: en eso, parece a la medida justa de su jefe. No hay riesgo de que ni gente como Zaldívar –honorable marginador de opositores en la embajada española–, ni gente como Fraga y sus delfines lean estas «miradas sobre la Habana» de un viajero que acierta a contener su estupor, acotando en frío lo que ve; narrando lo que, aun en el momento de estarlo viendo, parece sólo un delirio: la más extrema miseria de los todos; el lujo disparatado de los pocos que cierran el íntimo círculo blindado de la familia Castro. Los muy convencionales padres que prostituyen a hijas adolescentes con muro primorosamente pintado al fondo: «Patria o Muerte. Venceremos» (¿cuántos aquí saben que «Patria o muerte» fue el título de la publicación más inequívocamente hitleriana de la preguerra civil española?), porque, al fin, de algo tiene que ir comiendo la familia: España es el primer cliente del turismo sexual cubano; el cual, con la mayor frecuencia, se da a sí mismo nombre de «turismo solidario». Moratinos, Zapatero, la miseria que gangrena las calles de la que fue próspera Habana. La corrupción sin límite de una ínfima camarilla de sórdidos aparatchiki, patria o muerte, devorando hasta el último recurso de la isla esquilmada, que un día fue –pero hace de eso ya algo más de medio siglo– el rincón más rico y culto de toda la América de habla española. Moratinos, Zapatero –igual que Fraga en su momento– dan con la virtud de ser la sórdida fuerza de choque del Castro que pone –una vez más– de rodillas a Europa. Es la misma pusilanimidad de siempre. Sólo que ahora está detrás el petróleo venezolano. Y el caudillo al cual aman –¿o temen?– los socialistas españoles: Chávez. Ni más ni menos impecablemente nacional-socialista que Castro. Y único heredero suyo. Tengo la radio abierta. Oigo el discurso perverso de España ante la UE. La prevista cobardía de Europa. Leo este relato mínimo de viaje, «Bajo el signo de Fidel», de Chinchetru. Y siento un asco helado hacia la condición humana. «En cada manzana existe un CDR (Comité de Defensa de la Revolución), que informa puntualmente a sus superiores de cada actividad sospechosa por parte de cualquier vecino». Moratinos y Zapatero son sólo el CDR de Bruselas. Y, para el negocio, Chávez. «Todo se vende, bienes y personas. No hay límite moral que valga». No hay límite. Y yo recuerdo a Anna Ajmatova en la cola donde familiares desesperados tratan de hallar, en vano, rastro de aquellos a los que se tragó el Gulag para siempre. Una viejecilla se le acerca: «Usted es escritora. ¿Puede contar usted esto?». Y Ajmatova se queda helada. Susurra sólo: «Sí. Puedo».